43# El Descubridor
A Bordo del HMS 'Descubridor', Atlántico Norte. Verano de 1813.
Estimada Señorita Atherton,
Recibí su misiva en el punto de reabastecimiento en las Azores, y he de admitir que su llegada fue una sorpresa, si bien grata, en medio de la monotonía de las latitudes oceánicas. Me alegra enormemente saber que la señorita Albansdale ha resultado ser la bendición que usted describe y que sus estudios prosperan bajo su guía.
La señorita Albansdale es, en efecto, una mujer de considerable intelecto y capacidad, mucho más adecuada para la labor de tutora de lo que jamás podría ser yo, un hombre cuyas lecciones, como usted tan amablemente recordó, apenas arañaron la superficie de la historia natural. Fue precisamente por su reconocida erudición y la agudeza de su mente que pensé en ella en primer lugar, sabiendo que su influencia sería la más beneficiosa para una mente tan inquisitiva y exigente como la suya.
Me complace, además, saber de su nueva fascinación por la filosofía y la dialéctica. La cuestión de la realidad humana y el origen de los sentimientos es, sin duda, un campo fértil para la formulación de nuevas hipótesis. Aunque, como bien señala, sin evidencia palpable solo podemos tejer conjeturas al respecto. Sin embargo, le ruego no subestime el valor de la especulación y el debate en la búsqueda de la verdad; pues plantear el problema y reflexionar sobre sus causas y consecuencias, puede ser la guía necesaria para hallar la respuesta que busca.
Respecto al amor platónico y la belleza ideal, debo confesar que son conceptos que, en mi actual vocación, se hallan lejos de mis ocupaciones más apremiantes, aunque comparto su profundo interés y le ruego comparta conmigo cualquier descubrimiento al respecto.
En cuanto a mis propias labores, puedo informarle que ya hemos embarcado. El HMS 'Descubridor' se adentra ahora en las vastas extensiones del Atlántico Norte. Nuestras primeras semanas han sido desafiantes y prometedoras a partes iguales. Hemos logrado cartografiar con una precisión inusitada una serie de pequeñas islas rocosas que apenas figuraban en los mapas existentes, revelando formaciones geológicas de un peculiar basalto prismático. La escala de su formación sugiere fuerzas primigenias aún desconocidas. Espero que este avance sea el presagio de descubrimientos aún mayores en nuestro camino hacia el Círculo Polar.
Agradezco y suscribo recuerdos para Harry y Henrietta y me emociona su afectuosa descripción de Gracie. Me complace enormemente que su nobleza continúe siéndole de utilidad.
Le deseo el mayor de los éxitos en sus estudios y que su mente encuentre el alimento que busca. Permítame esperar que esta correspondencia, iniciada bajo tan singulares circunstancias, sirva para mantener una mutua estima.
Con mis más sinceras consideraciones,
Frederick Beaumont.
(Nueva dirección de contacto: Almirantazgo, Londres, para reenvío de la expedición del 'Descubridor' en el Ártico.)

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