31# Un encuentro oportuno
El aire en Atherton Hall se había vuelto denso e insoportable debido al mal humor constante de Eleonora y tampoco podía pisar los terrenos de Blackwood Manor si no quería empeorar su estado agitado.
La inminente partida de Lord Frederick y el eco de sus palabras hirientes provocaban lástima e ira a partes iguales, y ambas, colapsaban en su mente haciéndola un lugar poco agradable por el que transitar.
En consecuencia decidió acudir al pueblo. Encontró resguardo del fresco de la tarde en una encantadora tetería, con sus paredes de madera clara y sus cortinas floreadas, era un remanso de paz. El aroma a té recién hecho y a bollos calientes era un bálsamo para el espíritu. Eleonora tomó asiento, observando el ir y venir de la gente, cuando la campanilla de la puerta anunció un nuevo cliente.
Al verla, Benjamin se acercó con una sonrisa amable. "¿Señorita Atherton? Qué grata sorpresa encontrarla aquí." Pareció notar la expresión tensa de Eleonora, la sonrisa que no llegaba a sus ojos. "¿Está usted sola hoy?"
"Señor Finch," saludó Eleonora, "La sorpresa es mía. Me temo que sí, Mary está muy ocupada estos días y mis familiares tenían cita en la modista". Hizo una pausa, "¿Le apetece acompañarme?"
Finch se sentó solícito frente a ella, pidiendo un té para sí mismo. No tardó en preguntar por su estado anímico decaído.
"Acontecimientos recientes me han dejado algo... desanimada. En ocasiones se me recuerda lo incierto de mi posición y lo frustrante que puede ser la vida para quienes no encajan en los moldes preestablecidos." Cuidó de no mencionar a Frederick directamente, pero su subtexto era claro. Benjamin escuchó con atención.
"Comprendo lo que dice, más de lo que cree." En sus palabras, Eleonora pudo sentir el reflejo de su propia amargura. "La vida tiene sus desafíos, especialmente cuando uno tiene un espíritu... diferente. Pero no debe permitir que eso apague su luz. Conozco su pasión por el conocimiento, su curiosidad. Esas son cualidades valiosas." Sus palabras no parecían halagos ensayados como los que replicaban una y otra vez las amistdes de Henrietta. El Señor Finch parecía sincero y su apoyo inquebrantable fue un bálsamo para el corazón de Eleonora. Esperaba, algún día ser merecedora de esos secretos que lo carcomían a él y poder ayudarlo también.
Una sonrisa tenue asomó a sus labios. "Gracias, señor Finch. Sus palabras significan mucho para mí. A veces, una solo necesita un amigo que le recuerde su propio valor y le de coraje para seguir luchando." La taza de té entre sus manos parecía arder menos y su crispación comenzaba a disiparse, reemplazada por la calidez de su amistad.

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