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Mostrando entradas de septiembre, 2025

44# Un lugar que ocupar

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                Tal y como había admitido en su carta a Lord Frederick Beaumont, sus días en Atherton Hall transcurrían para Eleonora en una rutina que ahora era menos tediosa y más gratificante. Pues era cierto que la presencia de la señorita Albansdale había abierto un nuevo mundo de conocimiento. Y sus paseos, a menudo alargados a la tarde con Mary Cooper, llenaban la mente de Eleonora con ideas, conceptos y la alegre dialéctica que tanto disfrutaba. Contaba al fin con la valiosa compañía de amistades sólidas, forjadas en la complicidad intelectual y el respeto mutuo. ​Y de esa manera mantenía su mente rigurosamente ocupada cada hora del día. Planificaba todo con premeditación a fin de evitar lapsos ociosos pues, sabía, daban rienda suelta a pensamientos inoportunos y muy indeseados.  Cuando no estaba inmersa en libros o en las conversaciones antes mencionadas, y el clima así lo permitía, cabalgaba a Gracie por los campos de Corsham, corrí...

43# El Descubridor

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 ​ A Bordo del HMS 'Descubridor', Atlántico Norte. Verano de 1813. ​Estimada Señorita Atherton, ​Recibí su misiva en el punto de reabastecimiento en las Azores, y he de admitir que su llegada fue una sorpresa, si bien grata, en medio de la monotonía de las latitudes oceánicas. Me alegra enormemente saber que la señorita Albansdale ha resultado ser la bendición que usted describe y que sus estudios prosperan bajo su guía. ​La señorita Albansdale es, en efecto, una mujer de considerable intelecto y capacidad, mucho más adecuada para la labor de tutora de lo que jamás podría ser yo, un hombre cuyas lecciones, como usted tan amablemente recordó, apenas arañaron la superficie de la historia natural. Fue precisamente por su reconocida erudición y la agudeza de su mente que pensé en ella en primer lugar, sabiendo que su influencia sería la más beneficiosa para una mente tan inquisitiva y exigente como la suya. ​Me complace, además, saber de su nueva fascinación por la filosofía y la d...

42# Inoportuna intromisión

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Atherton Hall, Corsham. {Primavera 1813} ​A Lord Frederick Beaumont.  ​Espero que esta misiva llegue a sus manos antes de embarcar hacia sus importantes expediciones, pues no tenemos su futura dirección. Han pasado casi cinco meses desde su partida y aún me pregunto si es prudente importunarle con mis insignificancias, pues sé que su tiempo es valioso y dedicado a labores de mayor trascendencia. Le ruego me disculpe si considera inoportuna mi comunicación. ​Sin embargo, no podía resistirme a expresarle mi más sinceros agradecimientos. La llegada de la señorita Albansdale a Atherton Hall ha supuesto una verdadera bendición, un regalo que ha transformado mis días. Y todo gracias a su generosidad.  Por Harry sé que la presencia de mi muy admirada instructora es fruto de su amable recomendación y también por él sé que ustedes son cercanos desde la infancia. He de suponer que no hace falta que le diga lo inteligente y capaz que es y tampoco que ha superado con creces todas mis...

41# Bandera blanca

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            Los días comenzaron a teñirse de un color de rosa con la inesperada, pero muy bienvenida llegada de la señorita Albansdale, su nueva institutriz. Ella era todo lo que Eleonora podría soñar con ser algún día; extremadamente culta, dulce y de modales exquisitos.  Sus lecciones no eran meras "verdades" escritas por alguna parte interesada en crear una visión concreta de la historia o la realidad, sino debates estimulantes que abrían nuevas puertas y formulaban preguntas en su alumna. Y  ella realmente disfrutaba cada conversación, cada nuevo libro que la señorita Albansdale le presentaba y cada noticia política, social o económica que le traía a colación. Por primera vez en mucho tiempo, Eleonora se sentía menos sola, menos perdida y capaz al fin de responder cualquier pregunta.  ​Una tarde, mientras Eleonora compartía su entusiasmo por una reciente lectura de filosofía griega con su primo, a Harry se le escapó un comentario casual. ...

40# Un león enjaulado

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            Antes, los parajes entre Blackwood Manor y Atherton Hall, eran su principal vía de escape y aliento. Ahora, más parecían una jaula exquisitamente decorada y sus lindes el término de todo su universo.  Aunque el aire fresco seguía siendo un reclamo para Eleonora, solo su piel se sentía aliviada por sus paseos, no así su mente. Ésta aún daba vueltas alrededor de palabras vertidas en su contra por chismosos, interesados en su desgracia y familiares asustados por la perdida de su posición social. Bueno, y también debía contar con las palabras de Lord Frederick Beaumont en su tormento. "Altivez", "soberbia injustificada"... Su insolencia aún la irritaba, pero había algo más, algo punzante que le pinchaba en el centro del pecho cuando pensaba en él. ​Porque sí, con frecuencia, al cabalgar a Gracie por los llanos o mientras releía los gastados folios del diario de su madre, pensaba en él. Su mente volaba a Londres, a los grandes círculos sociales ...

#38 Primeras noticias

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        Apenas  habían pasado unas semanas desde su partida cuando recibió las primeras noticias de Atherton Hall. A Lord  F rederick Beaumont le supo a poco.  Repasó la breve misiva con el ceño fruncido, no por el contenido en sí, sino por la molesta figura que danzaba, burlándose de él, entre las líneas sin desvelar nada de lo que él quería saber.  La misiva de Harry Atherton era, como siempre, formal y un tanto servil, detallaba un pequeño asunto de cosechas que afectaba a ambas fincas y, relegaba para el final, una petición más personal: el permiso para que su prima, la señorita Eleonora, utilizase las cuadras de Blackwood Manor para montar a Gracie. Pues, los Atherton seguían sin contar con un animal adecuado para ella. ​"La señorita Eleonora," murmuró Frederick, la pluma ya entre los dedos lista para responder. La imagen de su último encuentro en el baile, su partida altiva, su reproche final, aún ardía en su pensamiento. No era tan ciego co...

39# Desbordante

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         Los meses siguientes sumergieron a Frederick en una montaña infinita de trabajo. Londres era una bestia insaciable, y él se entregaba a ella con la disciplina y el rigor que le caracterizaban.  La gran expedición, y su previa organización, acaparaba cada fibra de su ser. Los detalles eran interminables, todos ellos cruciales: mapas antiguos que revisar en la British Library, instrumentos de navegación que calibrar con precisión en la Royal Society, reuniones interminables en el Almirantazgo y, por supuesto, la selección y formación de un equipo numeroso de especialistas. Geógrafos, botánicos, cartógrafos; todos ellos talentos de primer nivel que embarcarían con él en lo que prometía ser una empresa trascendental. ​De su casa en la ciudad a Palacio, de Palacio a los edificios universitarios u oficiales, y vuelta a empezar. Su carruaje se convirtió pronto en una extensión de su estudio, siempre desbordado de pergaminos y libros.  Su excitación c...

37# La partida

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         La luz suave de la mana apenas comenzaba a calentar los pasillos de Atherton Hall, pero Eleonora ya estaba de pie. El día anterior, la confrontación con Lord Frederick le dejaba un sabor amargo, pero no era suficiente como para despertar un arrepentimiento sincero en ella. ¿Cómo podría renunciar a defenderse, a rechazar la reincidencia de un hombre que persistía en faltarle el respeto?  La conversación con Harry, quien le aseguró anoche que había pedido disculpas a Lord Frederick Beaumont en su nombre, solo consiguió que Eleonora rodara los ojos con exasperación. "Por favor, Harry," le había espetado, "eres mi primo, no eres mi guardián." ​Con un gesto de impaciencia, se encaminó a los jardines. Necesitaba quemar la energía que amenazaba con colapsar en su interior. A Eleonora le gustaba correr, un hábito poco común para una dama, pero vital para ella. Corría sin técnica, sin pretensión, hasta asegurarse acabar tan alterada, sin aliento y cansada q...

36# Un escándalo

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          El bullicio del gran salón no pudo amortiguar la voz indignada de Henrietta. Eleonora no tuvo que girarse para saber que su prima se dirigía a ella con prisa y furia. "¡En qué estás pensando, Eleonora!", siseó Henrietta, sujetándola por el brazo. "Actuar así delante de todos... ¿Tú sabes siquiera a quién has ofendido?." ​La indignación de Henrietta era genuina. Mientras Eleonora se había retirado de la pista, su prima había seguido la escena con los ojos como platos. No sabía en qué había consistido la conversación, pero había entendido el gesto de Eleonora al marcharse, tan abrupto. Una afrenta pública, a un Duque, nada menos. "Tenemos que irnos de aquí ahora mismo", continuó, arrastrándola hacia la puerta para evitar el escándalo. "Tengo que tratar de solucionar la situación. ¡No puedo dejar que se vaya de la región con esa impresión de nuestra familia!" ​Soltando a Eleonora en el umbral de malas maneras, Henrietta echó a correr hacia...

35# El último baile

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            Eleonora se deslizaba ya a paso ligero hacia la salida del salón, el esplendor del lugar empezando a empañarse con la decepción en su corazón. Ya había cumplido y el aire fresco la llamaba, prometiendo un alivio para su sofocación. No obstante, antes de alcanzar la gran puerta, una figura alta y familiar se interpuso en su camino. "Señorita Atherton, espere por favor", la voz de Lord Frederick, grave y resonante, la detuvo. Él estaba allí, con su alegre chaleco verde y su seria expresión en contraste. "Me gustaría hablar con usted, si me lo permite." Eleonora cesó en su empeño por salir. El cansancio comenzaba a hacer mella en su paciencia. "Accederé, Lord Beaumont." Dijo volviendo a la formalidad plena que creían haber superado en su relación. "Pero espero oír algo concreto de usted, o me iré sin importarme el escándalo." La tensión era palpable, pero él solo asintió con una leve inclinación de cabeza. "Le pido me acompañe en el...

34# Celebraciones vacías

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                   El carruaje familiar traqueteaba suavemente por el camino iluminado por antorchas, esperando su turno para dejarlos a las puertas de Blackwood Manor. Eleonora, flanqueada por Henrietta y Harry, caminó en la dirección señalada por el servicio. No pudo evitar pensar en Mary, quien estaría inmersa en el ajetreo de las cocinas. Al cruzar el umbral del gran salón engalanado, el murmullo de voces, la música vibrante y el tintineo de las copas envolvieron el ambiente. Henrietta y Harry se perdieron casi de inmediato entre grupos de conocidos, dejándola a la deriva. La vista de un sinfín de rostros desconocidos, todos ataviados con sus mejores galas, la hizo sentir ridicula y extrañamente disfrazada de las expectativas de inocencia y virtud que había puestas en ella. Sus ojos escanearon la multitud, buscando alguna figura familiar. Y entonces lo vio, Lord Frederick Beaumont, en el centro de un corrillo de caballeros ...

33# Entre algodones

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            Eleonora se sentó en el suelo de su vestidor, rodeada de un mar de sedas, muselinas y tules que una vez habían brillado en memorables bailes de Londres. El diario de su madre había quedado relegado a ocupar un discreto lugar en su mesita de noche al no hallar en él pistas del color o la seda que mejor sentaba a su progenitora. Al fin y al cabo, había pasado media vida escuchando lo idéntica que era su belleza a la de su madre y esperaba poder sacar rédito de ello, pero, lamentablemente, no sería esa tarde.  Esa invitación a la fiesta de Lord Frederick era una carga más pesada de lo que su delicado papel aparentaría.  Cada vestido que desdoblaba y  cada encaje que acariciaba sus dedos le recordaba una época que ya no volvería y un futuro que se desdibujaba con cada día que pasaba en el campo.  ¿De qué serviría todo lo que hacía, decía o llevaba cuando la mayoría de los que la trataban,  la tenían en mala estima?...

32# La invitación

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                Eleonora y Benjamin Finch abandonaron la cálida tetería, dejando atrás el murmullo de las conversaciones y el dulce aroma. El aire fresco les saludó de nuevo y con él pasearon por la calle principal, flanqueada por casas de piedra y pequeñas tiendas. La conversación fluía y Eleonora se encontraba cada vez más cómoda en compañía del Señor Finch.  "Me ha sido muy grato su compañía, señorita Atherton", comentó Benjamin, su sonrisa amable. "Espero que podamos encontrarnos más a menudo, ahora que mis obligaciones me lo permiten."  Eleonora tuvo que admitir que regresaría a Atherton Hall en un coche de alquiler y Benjamin ofreció llevarla en su coche, un modelo sencillo, pensado para jóvenes sin familia pero en el que cabían cómodamente dos personas.  En el camino, el Señor Finch se animó a preguntar "¿Ha sido invitada a la celebración que Lord Frederick ofrecerá en Blackwood Manor a finales de semana? Es, por as...

31# Un encuentro oportuno

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            El aire en Atherton Hall se había vuelto denso e insoportable debido al mal humor constante de Eleonora y tampoco podía pisar los terrenos de Blackwood Manor si no quería empeorar su estado agitado.  La inminente partida de Lord Frederick y el eco de sus palabras hirientes provocaban lástima e ira a partes iguales, y ambas, colapsaban en su mente haciéndola un lugar poco agradable por el que transitar.  En consecuencia decidió acudir al pueblo. Encontró resguardo del fresco de la tarde en una encantadora tetería, con sus paredes de madera clara y sus cortinas floreadas, era un remanso de paz. El aroma a té recién hecho y a bollos calientes era un bálsamo para el espíritu. Eleonora tomó asiento, observando el ir y venir de la gente, cuando la campanilla de la puerta anunció un  nuevo cliente.  Al verla, Benjamin se acercó con una sonrisa amable. "¿Señorita Atherton? Qué grata sorpresa encontrarla aquí."  Pareció nota...

30# La confrontación

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          La rabia le quemaba y las lágrimas amenazaban con brotar mientras Eleonora abandonaba la mansión. Sus pasos resonaban en el largo y oscuro pasillo de mármol de Blackwood Manor. La humillación era insoportable. "¿Cómo se atrevía a insinuar que su interés en la ciencia no es más que una farsa para perseguir a un marido?" Apretó los puños, sentía la respiración agitada. ¡Ni por todo el oro del mundo volvería a esas clases! "¡Señorita Atherton!", la voz de Frederick resonó detrás de ella. "Señorita, por favor" "Deténgase, se ha dejado la chaqueta atrás". Corría tras ella "Pare, alguien podría oírnos si sigo gritándole". Eleonora echó a correr, lo único que deseaba era estar lo más lejos posible de él. Sin embargo, sus pasos no podían compararse con las zancadas largas del Lord, que no tardó en alcanzarla, agarrándola suavemente del brazo hasta detenerla. "¿Me acaba de acusar de mentir para cazar a uno de sus pupilos?", e...

29# El malentendido

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                    El lunes llegó, y con él, el regreso de Eleonora a Blackwood Manor para una nueva semana de lecciones. Por primera vez, la atmósfera en la biblioteca era densa, cargada de una expectación casi palpable. Los alumnos se mostraban más tímidos de lo habitual y Lord Frederick, aunque mantenía su usual compostura, los observaba con un ceño visiblemente malhumorado. Eleonora no tenía claro por qué, pero intuía que la presencia de Benjamin Finch, recién recuperado y radiante por su vuelta, tenía algo que ver. Al finalizar, con poca floritura, Frederick le pidió a Eleonora que se quedara. "Señorita Atherton," comenzó con voz medida, esperando hasta quedarse solos para continuar. "Su presencia, aunque estimulante, me temo que es una distracción para mis pupilos. Una que no se pueden permitir." La sentencia pilló a Eleonora desprevenida, que no se vio venir tampoco el siguiente ataque. "Además, la espeleología no es, m...