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44# Un lugar que ocupar

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                Tal y como había admitido en su carta a Lord Frederick Beaumont, sus días en Atherton Hall transcurrían para Eleonora en una rutina que ahora era menos tediosa y más gratificante. Pues era cierto que la presencia de la señorita Albansdale había abierto un nuevo mundo de conocimiento. Y sus paseos, a menudo alargados a la tarde con Mary Cooper, llenaban la mente de Eleonora con ideas, conceptos y la alegre dialéctica que tanto disfrutaba. Contaba al fin con la valiosa compañía de amistades sólidas, forjadas en la complicidad intelectual y el respeto mutuo. ​Y de esa manera mantenía su mente rigurosamente ocupada cada hora del día. Planificaba todo con premeditación a fin de evitar lapsos ociosos pues, sabía, daban rienda suelta a pensamientos inoportunos y muy indeseados.  Cuando no estaba inmersa en libros o en las conversaciones antes mencionadas, y el clima así lo permitía, cabalgaba a Gracie por los campos de Corsham, corrí...

43# El Descubridor

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 ​ A Bordo del HMS 'Descubridor', Atlántico Norte. Verano de 1813. ​Estimada Señorita Atherton, ​Recibí su misiva en el punto de reabastecimiento en las Azores, y he de admitir que su llegada fue una sorpresa, si bien grata, en medio de la monotonía de las latitudes oceánicas. Me alegra enormemente saber que la señorita Albansdale ha resultado ser la bendición que usted describe y que sus estudios prosperan bajo su guía. ​La señorita Albansdale es, en efecto, una mujer de considerable intelecto y capacidad, mucho más adecuada para la labor de tutora de lo que jamás podría ser yo, un hombre cuyas lecciones, como usted tan amablemente recordó, apenas arañaron la superficie de la historia natural. Fue precisamente por su reconocida erudición y la agudeza de su mente que pensé en ella en primer lugar, sabiendo que su influencia sería la más beneficiosa para una mente tan inquisitiva y exigente como la suya. ​Me complace, además, saber de su nueva fascinación por la filosofía y la d...

42# Inoportuna intromisión

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Atherton Hall, Corsham. {Primavera 1813} ​A Lord Frederick Beaumont.  ​Espero que esta misiva llegue a sus manos antes de embarcar hacia sus importantes expediciones, pues no tenemos su futura dirección. Han pasado casi cinco meses desde su partida y aún me pregunto si es prudente importunarle con mis insignificancias, pues sé que su tiempo es valioso y dedicado a labores de mayor trascendencia. Le ruego me disculpe si considera inoportuna mi comunicación. ​Sin embargo, no podía resistirme a expresarle mi más sinceros agradecimientos. La llegada de la señorita Albansdale a Atherton Hall ha supuesto una verdadera bendición, un regalo que ha transformado mis días. Y todo gracias a su generosidad.  Por Harry sé que la presencia de mi muy admirada instructora es fruto de su amable recomendación y también por él sé que ustedes son cercanos desde la infancia. He de suponer que no hace falta que le diga lo inteligente y capaz que es y tampoco que ha superado con creces todas mis...

41# Bandera blanca

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            Los días comenzaron a teñirse de un color de rosa con la inesperada, pero muy bienvenida llegada de la señorita Albansdale, su nueva institutriz. Ella era todo lo que Eleonora podría soñar con ser algún día; extremadamente culta, dulce y de modales exquisitos.  Sus lecciones no eran meras "verdades" escritas por alguna parte interesada en crear una visión concreta de la historia o la realidad, sino debates estimulantes que abrían nuevas puertas y formulaban preguntas en su alumna. Y  ella realmente disfrutaba cada conversación, cada nuevo libro que la señorita Albansdale le presentaba y cada noticia política, social o económica que le traía a colación. Por primera vez en mucho tiempo, Eleonora se sentía menos sola, menos perdida y capaz al fin de responder cualquier pregunta.  ​Una tarde, mientras Eleonora compartía su entusiasmo por una reciente lectura de filosofía griega con su primo, a Harry se le escapó un comentario casual. ...

40# Un león enjaulado

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            Antes, los parajes entre Blackwood Manor y Atherton Hall, eran su principal vía de escape y aliento. Ahora, más parecían una jaula exquisitamente decorada y sus lindes el término de todo su universo.  Aunque el aire fresco seguía siendo un reclamo para Eleonora, solo su piel se sentía aliviada por sus paseos, no así su mente. Ésta aún daba vueltas alrededor de palabras vertidas en su contra por chismosos, interesados en su desgracia y familiares asustados por la perdida de su posición social. Bueno, y también debía contar con las palabras de Lord Frederick Beaumont en su tormento. "Altivez", "soberbia injustificada"... Su insolencia aún la irritaba, pero había algo más, algo punzante que le pinchaba en el centro del pecho cuando pensaba en él. ​Porque sí, con frecuencia, al cabalgar a Gracie por los llanos o mientras releía los gastados folios del diario de su madre, pensaba en él. Su mente volaba a Londres, a los grandes círculos sociales ...

#38 Primeras noticias

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        Apenas  habían pasado unas semanas desde su partida cuando recibió las primeras noticias de Atherton Hall. A Lord  F rederick Beaumont le supo a poco.  Repasó la breve misiva con el ceño fruncido, no por el contenido en sí, sino por la molesta figura que danzaba, burlándose de él, entre las líneas sin desvelar nada de lo que él quería saber.  La misiva de Harry Atherton era, como siempre, formal y un tanto servil, detallaba un pequeño asunto de cosechas que afectaba a ambas fincas y, relegaba para el final, una petición más personal: el permiso para que su prima, la señorita Eleonora, utilizase las cuadras de Blackwood Manor para montar a Gracie. Pues, los Atherton seguían sin contar con un animal adecuado para ella. ​"La señorita Eleonora," murmuró Frederick, la pluma ya entre los dedos lista para responder. La imagen de su último encuentro en el baile, su partida altiva, su reproche final, aún ardía en su pensamiento. No era tan ciego co...

39# Desbordante

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         Los meses siguientes sumergieron a Frederick en una montaña infinita de trabajo. Londres era una bestia insaciable, y él se entregaba a ella con la disciplina y el rigor que le caracterizaban.  La gran expedición, y su previa organización, acaparaba cada fibra de su ser. Los detalles eran interminables, todos ellos cruciales: mapas antiguos que revisar en la British Library, instrumentos de navegación que calibrar con precisión en la Royal Society, reuniones interminables en el Almirantazgo y, por supuesto, la selección y formación de un equipo numeroso de especialistas. Geógrafos, botánicos, cartógrafos; todos ellos talentos de primer nivel que embarcarían con él en lo que prometía ser una empresa trascendental. ​De su casa en la ciudad a Palacio, de Palacio a los edificios universitarios u oficiales, y vuelta a empezar. Su carruaje se convirtió pronto en una extensión de su estudio, siempre desbordado de pergaminos y libros.  Su excitación c...