10# J. M. A
Cansada de la monotonía de sus lecturas, Eleonora llegó a la conclusión de que los títulos le eran tan familiares porque esa biblioteca no era más que un reflejo exacto de la que su padre llegó a crear en su casa de Londres. Apuntó mentalmente agradecer a su primo por brindarle tal respeto a un espacio que seguro costó tanto dinero y esfuerzo a su progenitor.
Mientras deslizaba su mano por el lomo de varios libros por si se le hubiera escapado algún título interesante, se topó con un estante que llamó su atención al estar coronado con las iniciales de su madre, J.M.A.
Allí, oculto entre algunos títulos de género romántico, los que supuso serían del interés de su madre, encontró un diario de piel manuscrito.
Lo guardó en su bolsa y corrió a resguardarse a la sombra del robledal más lejano de la finca. Respiró hondo y abrió el diario.
"Mi amor, mi vida. Si lees esto, es que ya no estoy aquí...", leyó en voz alta, las palabras de su madre resonando como un eco del pasado. "Hazle saber a Eleonora que su vida no ha sido un accidente, sino un milagro forjado en el amor".

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