44# Un lugar que ocupar
Tal y como había admitido en su carta a Lord Frederick Beaumont, sus días en Atherton Hall transcurrían para Eleonora en una rutina que ahora era menos tediosa y más gratificante. Pues era cierto que la presencia de la señorita Albansdale había abierto un nuevo mundo de conocimiento. Y sus paseos, a menudo alargados a la tarde con Mary Cooper, llenaban la mente de Eleonora con ideas, conceptos y la alegre dialéctica que tanto disfrutaba. Contaba al fin con la valiosa compañía de amistades sólidas, forjadas en la complicidad intelectual y el respeto mutuo. Y de esa manera mantenía su mente rigurosamente ocupada cada hora del día. Planificaba todo con premeditación a fin de evitar lapsos ociosos pues, sabía, daban rienda suelta a pensamientos inoportunos y muy indeseados. Cuando no estaba inmersa en libros o en las conversaciones antes mencionadas, y el clima así lo permitía, cabalgaba a Gracie por los campos de Corsham, corrí...