28# Melancolía
La iglesia del pueblo era un pequeña, c onstruida con piedra caliza, sus muros color miel resplandecían bajo el sol, salpicados por parches de hiedra que trepaban con gracia. Su interior rivalizaba en belleza con el exterior, era un sobrio refugio de grandes cristaleras y disposiciones de madera antigua. Se llevaba a cabo una misa dominical, por lo que el espacio estaba concurrido. El aroma a incienso y cera flotaba en el aire, mezclándose con el murmullo de las oraciones. Eleonora, sentada sola en el banco de madera fría, intentaba en vano prestar atención al sermón del sacerdote. Sus palabras, sobre el deber y la piedad, se perdían en el resonar de su propia mente, anclada en una imagen muy diferente que se desarrollaba ante sus ojos. El clérigo, con voz grave y resonante, había dirigido hacía unos minutos una admonición pública a una joven pareja que se uniría en matrimonio la siguiente semana. Sus faltas previas fueron...