32# La invitación
Eleonora y Benjamin Finch abandonaron la cálida tetería, dejando atrás el murmullo de las conversaciones y el dulce aroma. El aire fresco les saludó de nuevo y con él pasearon por la calle principal, flanqueada por casas de piedra y pequeñas tiendas. La conversación fluía y Eleonora se encontraba cada vez más cómoda en compañía del Señor Finch.
"Me ha sido muy grato su compañía, señorita Atherton", comentó Benjamin, su sonrisa amable. "Espero que podamos encontrarnos más a menudo, ahora que mis obligaciones me lo permiten."
Eleonora tuvo que admitir que regresaría a Atherton Hall en un coche de alquiler y Benjamin ofreció llevarla en su coche, un modelo sencillo, pensado para jóvenes sin familia pero en el que cabían cómodamente dos personas.
En el camino, el Señor Finch se animó a preguntar "¿Ha sido invitada a la celebración que Lord Frederick ofrecerá en Blackwood Manor a finales de semana? Es, por así decirlo, una pequeña reunión de despedida antes de su marcha a Londres y consiguiente expedición."
Eleonora negó sorprendida. "No, no tenía noticia alguna, señor Finch. Puede que mi primo o Henrietta sepan algo, pero han estado tan atareados que no habrán tenido ocasión de comentármelo."
"Comprendo. Debo confesar que me encantaría verla allí, señorita Atherton. Conozco bien su gusto exquisito; estoy seguro de que su presencia aportaría una nota de distinción a la velada." Eleonora sintió un leve rubor en las mejillas ante el cumplido, pero la mención de Blackwood Manor y la inevitable presencia de Frederick trajo de vuelta la punzada de su enfado.
Al llegar a su casa, se despidió del Señor Finch para encontrarse de lleno con un mayordomo. Pulcramente ataviado y con expresión imperturbable, aguardaba junto a las puertas con una bandeja de plata reluciente. Sobre ella, descansaba un sobre de papel grueso, sellado con lacre. Era la invitación formal de Blackwood Manor, podía jurarlo. Parecía que su destino, por ahora, estaba atado de nuevo a la mansión vecina.

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