9# De Hoja en hoja

 


Los días pronto se convirtieron en semanas y la tensión en el aire de la mansión terminaba de disiparse. Eleonora llegó a sentirse intrusa en su propia casa. Pues en ella se sabía observada, juzgada y en el seno de su nueva familia sus decisiones, por pequeñas que fueran, le eran reprochadas con frecuencia. Por ello, no tardó en acudir a buscar refugio en los vastos exteriores de la finca.

No le faltaban las ganas de forjar lazos familiares, al fin y al cabo estaba más sola que nunca. Pero no siempre le apetecía enfrentarse al escrutinio de los habitantes de la finca, en especial de su prima Henrietta.
​Por el contrario, en los jardines de Atherton Hall y fincas colindantes, árboles y flores no la juzgaban ni trataban de presentarle a sus estiradas amistades a la mínima oportunidad.

Y qué decir de los libros, esos valiosos tesoros que hurtaba discretamente de los estantes de la biblioteca; ellos la acogían en sus páginas sin hacer preguntas y la sacaban de su realidad por horas.
En sus nuevos y silenciosos compañeros, Eleonora atesoraba una paz que, temía, le sería esquiva.

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