2# El Vértigo de la Partida



Señorita Atherton, su nombre era la promesa de un futuro de abundancia. Con un semblante cuya belleza era objeto tanto de alabanzas como de envidias en las calles de Londres.
Sin embargo, el carecer de un hermano varón que se hiciera cargo del legado familiar la dejaba en una posición delicada. Su primo y nuevo guardián de su fortuna, la aguardaba extendiendo su mano para ayudarla a subir al carruaje. El señor Sinclair, a no ser que le juzgase mal, no parecía ocultaba una sonrisa de presuntuosa complacencia, gesto que le molestó presenciar.


Con un vértigo repentino, pero más resolución que nunca, rechazó su ayuda. Eleonora esquivó su mano, aferrándose en su lugar al borde de la puerta y alzando el pie por su cuenta. El esfuerzo fue mínimo, pero el acto, en su sencillez, la llenó de una sensación de triunfo. La primera de muchas batallas que habría de librar para reclamar el control de su propio destino.



 

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