8# En guardia
Tras la luz de las velas, Eleonora observaba cómo el señor Sinclair, en un murmullo que apenas quebraba el silencio, se inclinaba para dirigirse en privado hacia su esposa. "Querida, parece una joven de maneras amables," dijo, con un tono que buscaba la concordia. "Quizá, con tiempo, podrían ser amigas."
Lady Sinclair, sin desviar la mirada de la sopa, soltó una pequeña risa, helada como el hielo. "¿Amigas?", musitó con desdén. "Es una joven de una belleza deslumbrante y la heredera de la fortuna Atherton. No tengo ninguna intención de confraternizar con el enemigo. En la guerra por la riqueza no hay cabida para las amistades, mi querido Harry."
Eleonora, sintiendo el peso de palabras que ni siquiera había escuchado, pero que podía intuir decidió ignorar el repentino cambio en la atmósfera y el silencio tenso que se había creado.

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